Christopher Doyle – In The Mood For Love / Deseando Amar

19 marzo, 2018 CARLOS CAYUELA

In The Mood For Love / Deseando Amar

Director de fotografia  / Christopher Doyle

Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio habitado principalmente por residentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos.

Un día, ambos descubrirán algo inesperado sobre sus respectivos cónyuges.

Cada toma es un encuadre dentro de un encuadre, es una fotografia dentro de una fotografia ,un paisaje interior dentro de cada mundo interior. Cada plano que se repite una y otra vez va generando un bucle que gira en tu cabeza creando esa sensación de revivir cada momento, una y otra vez .La narrativa discurre entre planos maravillosamente construidos, saboreando una delicia fotográfica, cocinando sensaciones que se te quedan grabadas para siempre. La fotografia en su esencia de narrativa sensitiva te va devorando poco a poco, llegandote hasta el centro de tus tripas.

Christopher Doyle

Hablemos del director de fotografia Christopher Doyle  y de su proceso de creación:

Doyle es conocido en especial por su colaboración con Wong Kar Wai.

Algunos consideran que es el director de fotografía más raro del mundo. Pero también es el mejor para muchos.

En el último día del Octavo Festival de Cine Asiático de Barcelona (Baff 2006), Doyle dio una clase por el módico precio de 5 euros. Una verdadera oportunidad.

Cuando entré en el cine en el que se celebraba la clase, Doyle estaba sentado en una silla tomando notas en una libreta. De tanto en tanto bebía cerveza directamente de la botella, aunque después nos hizo notar que era cerveza 0’0, sin alcohol.

Doyle comenzó a desgranar su clase, poniendo varios ejemplos en vídeo de cosas que contaba. A veces no se entendía con el encargado que ponía los vídeos (que estaban en un DVD, separados en diferentes cortes). Y allá corría Doyle, arriba y abajo por las escaleras, planteando un tema, rectificando al ver que no era el vídeo correspondiente, apagando y encendiendo las luces. Delicioso.

Un entrevistador le ha definido como a un demente después del quinto café, mezcla de Groucho y Harpo.

El asunto fundamental que quiso tratar Doyle en su clase era el error como estímulo creativo, así que todo este ir y venir era muy adecuado. Contó cosas muy interesantes, como que él empezó a aprender fotografía los treinta años y que la única manera de ir descubriendo cómo funcionaba era probar y equivocarse una y otra vez. Nos demostró con varios ejemplos elocuentes, que muchos de sus más celebrados hallazgos habían nacido de errores. Uno de los más graciosos era una curiosa y muy sugerente imagen de una película que había sido obtenida sencillamente cambiando sobre la marcha la lente de la cámara.

Me dio la impresión de que a algunas personas del público, después de las primeras risas, a veces les molestaba todo el caos que montó Doyle allí, y que esperaban algo más serio y planificado, pero a mí me pareció la manera perfecta de dar una clase. Así es como me gusta darlas a mí, saltando de un tema a otro, mezclando mil cosas diferentes, pero no lo hago a menudo porque sé que algunos alumnos se sienten estafados y quieren aprender cosas “más importantes”. Pero estas son las cosas realmente importantes.

Las cosas importantes para escribir guiones o hacer cine, como me animo a decir en las últimas jornadas de mis cursos, no tienen que ver con el cine. Además, cuando doy clases de esa manera, entro en una especie de enajenación o borrachera que me resulta peligrosa por la falta de control (lo que, como ya he dicho, a mí no me molesta, pero sí a algunos alumnos).
Fuente : http://www.thecult.es/juego-de-espejos/al-este-del-este-christopher-doyle-y-el-error-en-el-cine.html

No le gustan las ataduras, partir de un plan preconcebido y sistematizado, los storyboards ni las planificaciones, los guiones cerrados, etcétera. Su concepción visual debe ser una actividad orgánica, intuitiva y de experimentación, de ensayo y error. Se trata de ir encontrando la mejor forma de colocar la cámara o qué lente aplicarle, sin un plan preconcebido y por supuesto, muy alejado de un academicismo que rápidamente desechó cuando estudió en París. El espacio y la vida dinámica que los actores le otorgan a él, es captado por su cámara. Y decimos bien el posesivo, ya que a él le gusta ser el operador en todos los proyectos en los que interviene. Porque quiere vivir de cerca ese baile que se vive ente la cámara y los actores. Todo se trata de sentir, para encontrar mejor la emoción; para poder lanzarla mejor al espectador y dar así mejor forma al sueño del director. Doyle, sin duda, cincela imágenes desde una heterodoxia que le ha permitido brillar con una incandescencia cegadora.

No es casual que al hablar de él se agolpen metáforas musicales como el swing y el jazz para definir su trabajo fotográfico. Porque al leerle en multitud de entrevistas, con su carácter truhán y deslenguado, uno se lo imagina conceptualmente como el Walk on the wild side de Lou Reed. Ese desfilar por el filo de la navaja otorga a su obra un signo de distinción. Ya que todo eso lo podemos ver de forma clarísima en su estrecha y fructífera colaboración con Wong Kar-Wai. Por esquinados comentarios de ambos, lamentamos que aquella intensa unión artística parezca haber llegado a su fin, después de las experiencias al límite que ambos vivieron trabajando. Doyle manifiesta que su pasión por involucrarse en las producciones en las que participa viene por su interés por las personas implicadas en él.

Y aunque él se quite mérito comentando que muchas de las lustrosas técnicas utilizadas ya fueron usadas por Méliès, hay algo ineludible en los ojos de Doyle. Porque sus angulaciones extremadas, sus colores saturados y sus etéreos mantos urbanos y difusos son por encima de todo pura materia poética. Frente a esos directores aburridos que se olvidan de lo fundamental en el cine, Doyle sabe que la imagen debe expresar sentimiento.

FUENTE: http://www.elespectadorimaginario.com/pages/septiembre-2010/investigamos/christopher-doyle.php

El proceso de grabación de la película  duro 15 meses ; el guion y las escenas se escribieron en el mismo acto de grabación de rodaje.

Contemplamos una película visual y emocionalmente consistente. Donde los diálogos sencillos, y escuetos en el contenido, dan un peso a dicha obra de arte.

Y que decir de su banda sonora …. una delicia del maestro Michael Galasso … Cada detalle está dibujado para pausarlo todo y dejarse sentir …

La vida interna de cada personaje se representa en una silenciosa travesía de gestos, posturas,miradas .

Pura emoción , puro cine.

OS DEJO EL ENLACE A ESTA MARAVILLA:

https://www.youtube.com/watch?v=JxUqmjdqVzk

País: Hong Kong

Director: Wong Kar-Wai

Guión: Wong Kar-Wai

Música: Michael Galasso

Fotografía: Christopher Doyle, Mark Li Ping-Bing

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